Asdrúbal José “Cheo” Hurtado es cuatrista, compositor, arreglista, investigador musical y multiinstrumentista venezolano nacido en Ciudad Bolívar, estado Bolívar. Su trayectoria ocupa un lugar central en la música venezolana contemporánea porque conecta el cuatro con la bandola, la mandolina, el tiple, el tres, la guitarra, la música guayanesa, el repertorio popular y los formatos instrumentales de concierto.
Hurtado pertenece a una generación de músicos que entendió la tradición venezolana como un territorio vivo. En su caso, el cuatro no aparece solamente como instrumento acompañante, sino como voz solista, herramienta de composición, medio de investigación y puente entre regiones, géneros y generaciones.
Raíces guayanesas y formación musical
La relación de Cheo Hurtado con la música comenzó desde muy temprano. Su entorno familiar fue decisivo, especialmente por la influencia de su padre, Ramón Hurtado, guitarrista y compositor vinculado a la música popular venezolana. Esa primera cercanía con los instrumentos de cuerda marcó una vida dedicada a explorar las posibilidades del sonido tradicional.
Desde niño mostró una relación natural con el cuatro. A los siete años ya participaba como acompañante en espacios musicales, y a los trece ganó el Festival Nacional de Cuatro realizado en Ciudad Bolívar. También fue alumno de Hernán Gamboa, una figura fundamental en la historia moderna del cuatro venezolano.
Ciudad Bolívar y la región guayanesa son claves para entender su identidad musical. En su trabajo conviven el seis guayanés, el calipso, la bandola, el canto popular, la memoria del Orinoco y una manera de tocar que no separa la técnica del contexto cultural.
Un músico de muchos instrumentos
Cheo Hurtado no puede leerse únicamente como cuatrista. Su carrera está atravesada por una relación profunda con varios instrumentos de cuerda pulsada, entre ellos la bandola, la mandolina, el tiple, el tres y la guitarra. Esa amplitud instrumental le ha permitido comprender la música venezolana desde distintas texturas, afinaciones, registros y funciones dentro del ensamble.
Esa versatilidad es importante para el mapa cultural de TuCuatro porque conecta al músico con varias familias sonoras. Hurtado representa una tradición donde el cuatro dialoga con la bandola guayanesa, la mandolina criolla, los conjuntos instrumentales, la música popular venezolana y los repertorios regionales que muchas veces se transmiten por memoria oral.
En sus manos, el cuatro puede acompañar, responder, improvisar, llevar melodías, sostener el ritmo o asumir un papel solista. Esa visión amplia ha influido en muchos intérpretes que hoy entienden el instrumento como una herramienta completa, no limitada a una sola función.
Docencia, agrupaciones y trabajo de base
Antes de alcanzar reconocimiento nacional e internacional, Hurtado desarrolló un trabajo importante en la formación musical. Entre los años setenta y ochenta enseñó cuatro, guitarra y mandolina en espacios culturales de Ciudad Bolívar. También estuvo vinculado a agrupaciones juveniles y estudiantinas, espacios fundamentales para la transmisión de repertorio y práctica colectiva.
Uno de esos proyectos fue la Estudiantina Carlos Raúl Villanueva, que luego pasó a llamarse La Cuerda de Carmito en homenaje al compositor guayanés Carmito Gamboa. Allí Hurtado participó como ejecutante y formador, trabajando con instrumentos como mandolina, bajo, cuatro y percusión asociada al calipso.
Esa etapa muestra una dimensión importante de su trayectoria: Cheo Hurtado no solo interpreta música venezolana, también ha ayudado a crear condiciones para que otros músicos la aprendan, la practiquen y la lleven a nuevos escenarios.
Ensamble Gurrufío y la música venezolana de concierto
Uno de los capítulos más importantes de su carrera es Ensamble Gurrufío, agrupación fundada en 1984 junto a músicos como Luis Julio Toro y Cristóbal Soto. Con el tiempo, el ensamble se convirtió en una referencia de la música instrumental venezolana, combinando virtuosismo, investigación, arreglos elaborados y una profunda conexión con el repertorio tradicional.
Ensamble Gurrufío ayudó a mostrar que la música venezolana podía ocupar salas de concierto, festivales internacionales y grabaciones de alta exigencia sin perder su carácter popular. En ese formato, el cuatro de Cheo Hurtado se integró a una arquitectura sonora donde conviven flauta, mandolina, contrabajo, maracas y otros recursos instrumentales.
La importancia de Gurrufío no está solo en su calidad musical. También está en la manera en que abrió caminos para escuchar joropos, merengues, valses, danzas, golpes y otros géneros venezolanos desde una perspectiva instrumental refinada, pero cercana a la raíz.
La Siembra del Cuatro
Otro aporte fundamental de Cheo Hurtado es La Siembra del Cuatro, iniciativa dedicada a promover, formar y proyectar nuevas generaciones de cuatristas. Más que un evento puntual, La Siembra del Cuatro se ha convertido en una plataforma cultural vinculada a concursos, conciertos, talleres, exposiciones de luthería y encuentros entre intérpretes.
Su importancia dentro del ecosistema del cuatro es enorme. Muchos estudiantes y músicos jóvenes han encontrado allí un espacio para medirse, aprender, compartir repertorio y entender el instrumento como una disciplina con futuro profesional. La Siembra del Cuatro también ha contribuido a crear una red de cuatristas dentro y fuera de Venezuela.
Este proyecto conecta directamente a Cheo Hurtado con una dimensión de preservación activa. No se trata solo de tocar el cuatro, sino de sembrarlo en nuevas manos, nuevos países y nuevas formas de escucha.
Relación con otros músicos y escenas
A lo largo de su carrera, Cheo Hurtado ha compartido escenarios, grabaciones o proyectos con artistas y agrupaciones de gran importancia para la música venezolana y latinoamericana. Su nombre se relaciona con Ensamble Gurrufío, Serenata Guayanesa, Un Solo Pueblo, Bandolas de Venezuela, Costa Caribe y diversas colaboraciones con intérpretes populares, académicos e instrumentales.
Ese tejido de relaciones es parte de su valor cultural. Hurtado conecta la tradición guayanesa con la música central venezolana, el repertorio popular con la investigación instrumental, la escena local con los escenarios internacionales y la enseñanza con la creación artística.
Para el cuatro venezolano, esa red es especialmente valiosa. Cada colaboración amplía el contexto del instrumento y demuestra que el cuatro puede conversar con voces, flautas, mandolinas, arpas, maracas, contrabajos, orquestas y músicas de otras latitudes.
Un legado para el cuatro venezolano
El legado de Cheo Hurtado está en varias capas. Está en su sonido como cuatrista, en su capacidad como multiinstrumentista, en su trabajo con Ensamble Gurrufío, en su defensa de la música guayanesa, en su labor formativa y en La Siembra del Cuatro como espacio para nuevas generaciones.
Su carrera demuestra que preservar una tradición no significa dejarla quieta. Significa conocerla con profundidad, escuchar sus fuentes, respetar sus regiones y permitir que siga creciendo con honestidad.
Dentro de la historia reciente del cuatro venezolano, Cheo Hurtado representa una figura indispensable. Su trabajo ayuda a entender el instrumento como memoria, oficio, investigación, escena colectiva y posibilidad futura.