En Falcón hay un luthier que decidió no esperar a que otros cambien la luthería. Ángel Guillermo Mora, «El Guillo», ha trabajado en la fabricación de cuatros donde la caja viene de una fruta: la tapara.
La tapara (también totuma o jícara) es el fruto del árbol Crescentia Cujete. Crece desde México hasta Brasil. Los músicos la conocen como la caja de las maracas y la han trabajado durante siglos. El Guillo vio lo obvio: si la tapara funciona para maracas, ¿por qué no para cuatros?
Pero esto no es solo una idea rara. Es una pregunta ecológica con respuesta.
Los cuatros tradicionales se hacen de maderas nobles: palo santo, cedro, otras especies protegidas que tardan décadas en crecer. El árbol se corta. Listo. La tapara crece en meses. El árbol sigue vivo. El árbol sigue dando frutas, año tras año, sin ser tocado. Es la diferencia entre desmontar un bosque y cosechar lo que el bosque produce.
El proceso es minucioso: Ángel Guillermo Mora elige y elabora las taparas ideales, las encaja en los instrumentos. El sonido resulta limpio. El impacto ambiental desaparece.
Esto no es nuevo en la evolución de estos instrumentos de Tapara, la innovación siempre ha buscado las soluciones que no dañan. Lo que es extraordinario es que alguien en Venezuela haya decidido hacer exactamente eso: tomar una fruta que ya existe, un árbol que ya está aquí, y construir un instrumento que sigue siendo cuatro, que sigue siendo nuestro.
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