Memorias de JEM – Jorge Moreau y su amor por el Cuatro – Parte 3

Volver a la Parte 2

FRAGMENTO (Parte 3)

Extraído del  libro memorias de JEM    

Escrito por Jorge Moreau

  • Vicente Cherubito

Ya tenía varios años en Venezuela. Ya tenía un excelente cuatro que, en mi modesta opinión fue el mejor cuatro de los 24 que alcancé a tener con el tiempo. Era de Pedro Pablo Aldana y llenaba todas mis expectativas de sonido y brillantez. Sólo tenía un defecto: La distancia entre el cuarto y el quinto traste era mayor que entre el tercero y el cuarto. Yo no sabía nada de cuatros pero me parecía absurdo aplicado a la guitarra. Mi neófita cultura de los cordófonos de pulso, señalan que, a medida de que se acercan a la boca del instrumento la distancia entre los trastes se va reduciendo. Gracias a mi trabajo independiente como fotógrafo, yo viajaba con bastante frecuencia a Argentina, donde vivía mi madre y mis suegros. En uno de esos viajes, creo que en 1974, llevé conmigo el cuatro de Aldana. Mi propósito era enseñárselo a VICENTE CHERUBITO,  famoso luthier argentino de origen italiano constructor de las excelentes guitarras que pulsaron muchos de los mejores concertistas clásicos rioplatenses y europeos. Yo lo conocía desde hacía muchos años durante mi búsqueda de una buena guitarra argentina para mí. Yo tenía una gran guitarra construida por CHERUBITO  en el año 1955, que todavía conservo celosamente y que, a sus 67 años suena mejor que nunca. Mi relación con CHERUBITO era casi paternal. Me quería como a un hijo y yo lo respetaba más que a mi padre, que fue veterinario y de guitarras y de música no sabía nada. Analizó mi cuatro y me informó que era impecable. Su sonido, su resonancia y su brillantez lo hacían inmejorable. “Haz hecho una excelente adquisición…”  me dijo. Sólo notó la diferencia entre los trastes y opinó que se trataba de un error muy común entre los fabricantes de instrumentos. “La diferencia entre un fabricante de instrumentos y un luthier es que, estos últimos saben calcular perfectamente cada diapasón para cada instrumento, no importa el tipo que sea y el tamaño que tenga…”Los otros se dedican a copiar y a construir de la manera más fina posible, pero no son capaces de construir instrumentos de diferentes tamaños ya que no saben calcular sus diapasones. Es probable que este señor Aldana, haya copiado los instrumentos de otros fabricantes más antiguos que ya tenían, muchos fabricados.  Hasta es probable que el cuatro haya llegado de España, o de Canarias ya con ese defecto. Estaríamos frente a un caso de fallo heredado por generaciones.” Se dedicó a desarrollar el diapasón de mi cuatro y luego de unos días, me entregó una plantilla de aluminio con la repartición de un cuatro como el mío. “Disculpa Vicente. Te agradezco infinitamente tu regalo, pero es que me preocupa algo. En Venezuela existen muchos fabricantes de cuatros. Tienen muchos tamaños. Tendrías que hacer muchas plantillas, una para cada tamaño de cuatro… Después de una larga tarde de filosofías personales, me dijo: “Mirá Jorgito. Vos sabés cómo te aprecio. También sabés que, nosotros los verdaderos luthiers tenemos un secreto muy profundamente guardado. Las operaciones matemáticas por medio de las cuales calculamos los diapasones. Cuando vengas la próxima vez, dentro de unos meses te voy a dar dos sorpresas. Confía en mí.”  Meses después regresé con mi esposa a Buenos Aires y lo fuimos a visitar. Luego de tomar unos mates, me llevó a su taller, me hizo sentar en una butaca alta, y con mucha gravedad me dijo:  “Yo te prometí dos sorpresas. La primera es que te estoy preparando una guitarra especial para ti. En realidad estoy fabricando dos guitarras de concierto gemelas. Una es para ti la otra para Miguel Ángel, mi hijo.”  (Miguel Ángel Cherubito, hijo de Vicente, era un gran concertista de guitarra clásica. Estaba tocando en Inglaterra con Eulogio Dávalos, otro concertista chileno. Habían formado un dúo. Davalos – Cherubito y estaban triunfando en Europa. Yo no lo conocía. Miguel Ángel estaba distanciado de su padre a raíz de que decidió optar por el comunismo, algo que sumió a sus padres en una tristeza muy profunda. Decidió mudarse a Chile en tiempos de Allende. De allí viajaron a Inglaterra a raíz de la caída de este, pero nunca más volvió a Argentina a visitar a su padre que sufría en la tristeza y añoraba al hijo. Pero el orgullo de ambos impedía el reencuentro. Mi esposa y yo, nos comprometimos a localizarlo en Inglaterra, hablar con él y explicarle que el padre lo extrañaba y que sentía que se moriría si volver a verlo.  Así fue. Lo logramos. Hablé con Miguel Ángel y le expliqué la situación tratando de agravar un poco la situación de salud de Vicente, para lograr de que el hijo aceptara hablar con su padre. Lo llamé a Vicente y se lo comenté. Se puso muy contento. Meses después, ya en Buenos Aires, me enteré que Miguel Ángel había estado de visita con sus padres. Se habían reconciliado y el padre decidió fabricarle una gran guitarra antes de su muerte. “Pero además voy a hacer otra igual para Jorge. Si no hubiera sido por él, yo me hubiera muerto si verte… Se lo merece.” )

“La segunda sorpresa que tengo para ti, es la siguiente: Te voy a enseñar el proceso matemático que te va a permitir diseñar cualquier instrumento cordófono con trastes. Ya no vas a necesitar que te haga más plantillas para tus cuatros. Vas a poder hacerlas tu mismo. Lo único que me debes jurar por tus hijos, es que nunca, sabes? NUNCA! vas a enseñar este secreto a nadie y, además nunca confieses que yo te lo he enseñado, al menos hasta que me muera, que será pronto.” La obsesión de Cherubito por la muerte me preocupaba bastante. Cuando lo comentamos con su esposa, nos dijo: “Está medio loco. El distanciamiento con nuestro hijo lo dejó medio chalado. No le hagan caso.”  Cherubito tendría en aquellos tiempos unos 75 años. Tenía buena salud y no tenía problemas mayores. Ya no fabricaba guitarras por problemas de artritis que le habían deformado las manos y sufría muchos dolores. Se entretenía fabricando jaulitas de madera y alambre para su pasión: Los canarios. Esa fue la penúltima vez que lo vimos con vida. La última fue cuando fuimos a Argentina a recibir muy solemnemente la maravillosa guitarra que nos hizo a Miguel Ángel y a mí. La del hijo ya se la había entregado por lo que no pudimos reunirnos los tres. Había regresado a Inglaterra. Regresamos felices a Venezuela con mi flamante guitarra que había sido cotizada por expertos en U$S 6.000,00 de aquellos años. Su valor actual no lo conozco.

Al año siguiente regresamos a Buenos Aires como casi todos los años a visitar la familia de Silvia y como siempre también fuimos a visitar a Vicente. Llegamos de sorpresa y la sorpresa nos la llevamos nosotros. Su esposa entre lágrimas nos comunicó que un par de meses antes, Vicente había muerto.  “Cómo?! Y de qué murió?”   “Fue la cosa más rara del mundo. Una mañana me levanté a eso de las 8 de la mañana y fui a la cocina a preparar unos mates para desayunar, como siempre. Lo llamé y no me respondió. Fui hasta el dormitorio donde los había dejado minutos antes despierto y sentado en la cama. Le dije: Vení viejo a desayunar…  “No”, me respondió. “No me voy a levantar porque hoy me voy a morir…”  “Estás loco! Qué cosas estás diciendo..”   “Sí. Esta tarde me voy a morir..”     “Pero si no te pasa nada, no estás enfermo, cómo que te vas morir. Dejáte de joder y vení a desayunar.”    “No se levantó ni para el desayuno ni para el almuerzo. Después de almorzar sola, me fui a tirar un rato para la siesta. Cuando me desperté estaba muerto. No lo podía creer. Llamé la ambulancia y todo. Lo encontraron muerto y lo más raro es que no tuvo ni un ataque ni un derrame ni nada. Simplemente se le paró el corazón y se murió.”  Varias veces en nuestras charlas, Vicente me había dicho: “Yo tengo la posibilidad de parar mi corazón a voluntad…”   “Imposible, eso no lo puede hacer nadie… ”   “Yo sí. Cuando Miguel Ángel se hizo comunista y se fue a Chile, yo lo amenacé con morirme si continuaba con eso. Estuve practicando varias veces y sentí que si seguía, me moría y paré.”  Como resulta obvio, yo no le hice caso. Este viejo loco, pensaba y jamás supuse que eso era posible y menos que él pudiera llevarlo a cabo.  El tenía una especie de obsesión con la muerte y decía que, cuando le diera la gana, se dejaba morir. Nadie le hacía caso.   Después de la última visita de Miguel Ángel, su padre le pidió dos cosas: Primero, que dejara el comunismo y segundo, que regresara a vivir en Argentina al menos hasta su muerte, “…que está cerca.”  Miguel Ángel, que tampoco le creía semejantes afirmaciones, fue tajante: “Acá estoy, como te prometí. Te agradezco la hermosa guitarra que me hiciste pero no te puedo prometer esas cosas. Volver no puedo porque tengo varios contratos en Europa y lo del comunismo… Para mí es muy fácil mentirte, pero prefiero que sepas que soy comunista por convicción. Tu puedes creer lo que quieras, si te hace feliz, ya no soy comunista, contento?     A pesar de la alegría que le produjo el reencuentro y reconciliación con el hijo Vicente no había quedado conforme. Según palabras de su esposa: “De repente le da por decir esas estupideces!! Que se va a morir cuando quiera. Yo no sé qué pensar. A veces me asusta pero como no creo que eso sea voluntario, no le hago caso.”  Toda esta información la recibimos de parte de le esposa en nuestro último viaje. Regresamos a Venezuela y nunca más supimos de los Cherubito. Muerto Vicente, la esposa se a vivir con sus familiares en el interior del país. Con Miguel Ángel mantuvimos el contacto por algunos años pero finalmente nos desvinculamos. El único medio era el e-mail, pero se fue espaciando el contacto hasta que dejamos de escribirnos. Miguel Ángel quedó destrozado con la muerte de su padre y jamás sospechó que llevara a cabo sus amenazas.

  • Mi quijotesca cruzada

Volviendo al cuatro. Ya en poder de la técnica de diseño de los nuevos diapasones, me dediqué viajar por Venezuela, visitando los más afamados constructores. Fiel a mi costumbre de ligar mi trabajo con mis actividades colaterales, que eran de las cuales realmente vivía, me inventaba ideas fotográficas que pudiera vender a las empresas clientes. Una de las más grandes de esas empresas era PINTURAS MONTANA. Esta importantísima empresa de pinturas, (inicio de uno de los dos conglomerados más grandes del país: CORIMÓN),  era líder en el rubro pinturas en cualquiera de sus variantes. Industrial, doméstico. gobierno, Fuerzas Armadas, etc. Tenían como norma resaltar todos los valores que el pueblo y las autoridades respetaban. Sus dueños, dos hermanos inmigrantes checoeslovacos, habían construido un imperio industrial a través de una filosofía: Acabar con el monopolio de dos empresas: SHERWIN WILLIAMS, el mayor fabricante de pinturas del mundo y de PINTURERÍAS  WANTZELIUS, familia de origen alemán asentados desde el siglo IXX en Venezuela y dueños de la mayor cadena de pinturerías y ferreterías del país. El análisis del triunfo de PINTURAS MONTANA, presenta en sí misma una historia excelente, pero como no hace al caso en este punto, la paso para otro capítulo de esta historia. El hecho fue que yo era el fotógrafo oficial de PINTURAS MONTANA. Tanto los aspectos publicitarios como la confección de folletos, catálogos y material gráfico institucional, estaba a mi cargo. Me tenían una confianza ciega. El Director Comercial de la empresa era un uruguayo, (Peter Beauvois), que éramos como hermanos. Yo proponía y él contrataba y mandaba a pagar. Jamás se le ocurriría pedirme participación. Era un auténtico “gentleman”. Ha sido uno de mis dos mejores amigos en la vida. Tanta fue mi vinculación con Pinturas Montana, que acabé siendo su Director Comercial.

PINTURAS MONTANA, editaba un calendario anual muy famoso, que se repartía por todo el país y en Chile, donde la empresa tenía una sucursal. El pueblo adoraba esos almanaques ya que recortaban sus fotos y las usaban para decorar sus humildes casas de provincia. 12 grandes fotografías siempre alusivas a Venezuela. Yo me  convertí en el fotógrafo oficial de PINTURAS MONTANA. Los motivos eran: “VENEZUELA Y SU GENTE”, “ARTESANÍA DE VENEZUELA”,  “PAISAJES DE VENEZUELA”, etc.etc. Así, hasta 6 años seguidos, me mantuve viajando por el país fotografiándolo todo. Recorrí todo el territorio nacional.  La costa, los llanos, La Gran Sabana;  Islas y cayos; el Orinoco completo; El Delta Amacuro; Los Andes…   Entre VENEZUELA Y SU GENTE y ARTESANÍA DE VENEZUELA,  yo alcancé a visitar no menos de 35 o 40 fabricantes de cuatros. Uno de ellos del que guardo los mejores recuerdos por su calidad humana y con el que alcancé un gran nivel de amistad fue RAMÓN FIGUEROA  de Cumaná. Era el más famoso constructor del Oriente de Venezuela. Hacía unos cuatros absolutamente hermosos. De hecho fue el único fabricante de cuatros que incluí en el calendario de ese año. Mi amor por Ramón nunca pasó de él como persona, amigo y ser humano. Su encantadora familia que llegó a adorarme, ya qué, según me dijeron muchos años después, cuando me hice un salto a Cumaná para visitarlos, el hecho de aparecer en el Calendario de PINTURAS MONTANA les había cambiado la vida. Iban de todo el país y del extranjero a comprarles cuatros. Casa nueva, estudio para los hijos, autos para la familia, viajes…   Saber que todo eso lo habían logrado gracias a mi trabajo, me produjo gran orgullo y satisfacción. Se lo merecían. Personas sencillas pero hermosas en todo sentido. Lamentablemente toda esta información la recibí en el año 2003 cuando fui a verlos. De parte del hijo y la esposa, pero para entonces, Ramón, ese viejo alto, grandote y de manos inmensas y plácidos ojos azules, había muerto.  Tuve 4 cuatros de Figueroa, que se los compré y pagué religiosamente. Ya en el extranjero, los vendí. Así como eran de hermosos eran de sordos. Recordé siempre algo que me dijo una vez Pedro Pablo Aldana: “Sí. Los cuatros cumaneses son muy lindos, pero son como el pavo real; muy bellos pero no cantan…” Hermosa reflexión para decir algo lapidariamente cierto. Los cuatros cumanenses son hermosos pero suenan como una caja de zapatos con cuerdas. Para ilustrar el calendario, perfectos pero para tocar en ellos, mmm!!  Ojalá que mi gran amigo Ramón no lea esto desde el cielo. “No te lo mereces, Ramón querido !!”

Gracias a mi independencia laboral y a la posibilidad de movilizarme por todo el país, cumplí con mi objetivo: Llevar un nuevo concepto respecto al diseño del cuatro a los principales constructores vernáculos. Surgió un problema no contemplado. Como si se hubieran comunicado entre ellos, todos coincidieron en negarse a cambiar los diseños de sus diapasones con sólo explicarles el error. Sus reacciones fueron disímiles. Algunos se reían de mí “ocurrencia”, otros se negaron rotundamente a intentarlo y más de uno, hasta se pusieron belicosos ante mi insistencia. Con diferentes matices logré que todos se avinieran a construir un cuatro para mí, de acuerdo a mis exigencias. “…siempre que me lo pague por adelantado…” Lo que finalmente conseguí al explicarles lo difícil y costoso de mi aventura, fue de que, con el 50% por delante y pago final contra entrega, me construyeran un instrumento exclusivamente para “ese loco argentino con extrañas ideas respecto al cuatro… ”   Meses más tarde, volvía a visitar a todos, para retirar mis flamantes instrumentos. Obviamente, dado que mi propósito consistía en demostrarles a los fabricantes de cuatros las bondades del nuevo diseño, me tomaba el tiempo necesario para hablar con ellos y explicarles las razones de esta locura. Felizmente, en esta ocasión y frente a la evidencia de mejores instrumentos en cuanto a afinación, todos aprobaron la idea, la adoptaron y me agradecieron el esfuerzo, claro que a nadie se le ocurrió, quedarse con el instrumento y devolverme el 50% en depósito. A partir de entonces la fisonomía del cuatro venezolano cambió por completo. Todo el país incorporó el cambio.

El hecho fue que en determinado momento, me vi propietario de la mejor colección de los mejores cuatros de Venezuela. 24 en total.

  • Surge la oposición…

Meses más tarde, un día sonó el teléfono en mi oficina. Se trataba de una circunspecta señorita que con grave voz profesional, preguntaba: “Señor  Moreau?”.  “Si”  “El profesor Freddy Reyna quiere hablar con usted.”  “Freddy que?…” Alcancé a preguntar: “Si. El profesor Freddy Reyna, de PATRIMONIO NACIONAL. Se lo paso…”  Totalmente ignorante del origen de la llamada, respondí intrigado:  “Aló…?”  Lo que escuché a continuación fue la voz de un energúmeno que destrozó mi oído con un estentóreo grito: ” Señor Moreau…??”.  “Si…” respondí tímidamente. “Quien se ha creído usted qué es?!?!  Con qué derecho se atreve usted a visitar fabricantes de cuatros y hablarles mal de nuestro instrumento nacional, patrimonio cultural de Venezuela?…!” Traté de serenarlo y explicarle mis intenciones, pero fue absolutamente inútil.  “Si usted no se retracta y se disculpa con estos defensores de nuestra cultura patrimonial, me veré en la obligación de denunciarlo a Extranjería para que lo deporten y sea expulsado inmediatamente del país!!!”

Por suerte, nunca más supe nada de él. Varios de mi amigos artistas me tranquilizaron diciendo: “No te preocupes… Este señor es muy buena gente aunque un poco regañón. Ya vas a ver que cuando el mismo que te denunció vea el resultado de tu gestión, será el primero en llamarlo para contarle las bondades de tu idea. Olvídate del tema…”  Así fue. A partir de ese momento todos fueron elogios y hasta hubo quien se le ocurrió la trasnochada idea de proponerme para un reconocimiento oficial de parte de las autoridades culturales del país, a lo que, obviamente, me negué rotundamente. De esta manera finalizó mi aventura de los cuatros. A partir de entonces, de lo que se trata, era de venderlos. Tenía en mi poder una pequeña fortuna. Poco a poco fui vendiendo algunos instrumentos aunque me quedé con los mejores que todavía obran en mi poder. Verdaderas joyas por su sonido pero especialmente por su origen y antigüedad.

JORGE MOREAU

ESPAÑA-2007

FIN DEL FRAGMENTO

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *